Observatorio Epicuro - ¿Qué es el Observatorio Epicuro?

 En cuanto a los cuerpos celestes, sus movimientos,
revoluciones, eclipses, salidas, puestas y otros fenómenos semejantes,
no hemos de creer que se hayan originado por la mano de algún ser que se ocupe de ello...”

                                               Epicuro



Muy a menudo en nuestro país algunos dicen que este es un país católico, otroIlustración Forgess que es fundamentalmente un país católico, los que quieren ser más tolerantes afirman que este es un país de raíces católicas o, los más tolerantes todavía, cristianas. Desde la entidad Memoria del futuro queremos dotarnos de un observatorio que analice la realidad sociológica del país respecto a la influencia y poder real de la iglesia en la vida social y política y también en la conciencia y mentalidad colectiva. Será un laboratorio en el que se cuantificará en la medida de lo posible esa influencia desde todos los ángulos de análisis requeridos. Se tendrá en cuenta una visión dinámica del fenómeno, de dónde venimos, dónde estamos y adónde podemos llegar e intentaremos asimismo explicar y debatir las causas más profundas de estos cambios.

Este Observatorio se ha planteado como una recopilación de datos dispersos sobre el hecho religioso en España. Fuentes variadas, años distintos, instituciones diversas que en ocasiones resulta harto difícil comparar pero que poco a poco nos irán dando ciertas pautas y tendencias, que es lo que nos interesa. De entrada nos encontramos con que los estudios muy a menudo han sido realizados desde la perspectiva de la iglesia católica. Tales estudios tienen casi siempre como objetivo fundamental ver cómo se relacionan los ciudadanos con la religión católica, por adhesión u oposición, y casi nunca desde un punto de vista sociológico y científico, por ejemplo, qué distintas respuestas dan los ciudadanos en su ámbito de creencias filosóficas, espirituales y religiosas.[4]

Nuestro interés, por tanto, es analizar las diferentes actitudes que adoptan los ciudadanos ante este hecho, pero sobre todo ver hasta qué punto la iglesia católica tiene poder sobre la ciudadanía. Pondremos especial cuidado en contrastar las diferencias entre Comunidades Autónomas, entre adultos y jóvenes y entre hombres y mujeres. Las enormes diferencias que hemos detectado son las que nos impulsaron a una sistematización de datos que corroboren o refuten las sensaciones que teníamos.

Hemos realizado toda clase de estudios sobre los jóvenes y sabemos fruto de esa experiencia que el cambio social es muy lento y, seguramente, en el ámbito de la reflexión sobre la espiritualidad es donde se ha producido un cambio más significativo en los últimos treinta años. Esta tesis es la que intentaremos refutar o construir.

La dictadura franquista tuvo en la iglesia un importante apoyo tanto en el golpe de Estado como en la posterior represión. Las reflexiones que desembocaron en la idea de cruzada estaban ya incubadas desde tiempo atrás por Sardà i Salvany y reactualizadas por el cura Joan Tusquets.

Una de las primeras dificultades con que nos encontramos está en las preguntas, donde supuestos investigadores sociales muestran todos sus dogmas. Pondremos algunos ejemplos. La Fundación Santa María (FSM), una organización marianista, pregunta a los jóvenes qué tipo de ambiente espiritual tienen sus familias: “ambiente familiar descuidado o no existente”.[1] No es una broma: “En tu opinión, el ambiente de tu familia en relación con lo religioso era: Seriamente religioso / religioso sin más / muy descuidado en todo lo religioso / ambiente no religioso”. Es decir, si el joven pertenece a una familia librepensadora solo puede poner “ambiente descuidado”. ¡Y esto en el año 2002!

Pero el problema es general, no puntual, en las investigaciones sobre este tema. Se pregunta a la gente si es “católico” o “no católico”, “creyente” o “no creyente”. En la vida es obvio que “no somos” diferentes cosas, pero no puede fundamentarse una cuestión tan capital e íntima en una negación. Estamos ante una concepción totalmente “catolicocéntrica” de pensamiento único y totalitario. La gente no puede definirse en una cuestión tan compleja como su religiosidad, su espiritualidad o sus convicciones filosóficas con una negación. El otro elemento muy común es la expresión “indiferente”, concepto católico aplicado a los demás: si no eres católico eres indiferente. Indiferente ¿a qué? En los años 1960 las opciones de respuesta eran “católico ferviente”, “católico normal”, “católico tibio”, “católico no practicante”; la única opción posible alternativa era “otra religión”. Otra trampa del lenguaje pseudocientífico es la dicotomía “religioso” / “no religioso” que todavía se usa. Puedes ser una persona religiosa y no ser católico; es más, se puede ser muy religioso y ateo, o también se puede ser no religioso y católico, que es lo que aparentan la mayor parte de responsables clericales. Incluso el CIS[2] pregunta: “Se describiría a sí mismo como una persona...: muy religiosa, bastante religiosa, poco religiosa, nada religiosa”.

Aunque podríamos extendernos mucho en esta crítica metodológica, nos centraremos solo en la más habitual. Se trata de diferenciar entre católicos practicantes y no practicantes. En muchos casos se llega a diferenciar entre “muy buen católico”, “católico practicante”, “católico no muy practicante” y “católico no practicante”. Es un concepto tan establecido que incluso lo interiorizamos como una cuestión normal. ¿Podríamos aplicarlo a algún otro análisis sociológico? No. Imaginemos que preguntamos a la gente si es muy buen socialista, socialista practicante, socialista no muy practicante o socialista no practicante (por ejemplo, Carlos Solchaga y David Taguas).

Por otra parte, hay encuestas en que, aparte de preguntar sobre “la autoubicación” o “la autodefinición religiosa”, también se pregunta –con independencia de la adscripción y/o práctica religiosa– por cómo se considera alguien religiosamente. Por ejemplo, en la serie estadística de la Encuesta Europea de Valores (EVS) desde 1981 hasta 2000 se ha preguntado: “Tanto si va Ud. a la Iglesia como si no, ¿diría Ud. que es...: 1. Una persona religiosa, 2. Una persona no religiosa, 3. Un ateo convencido, 4. Otra respuesta”.

Creemos que poner ateo “convencido” solo puede partir de una mentalidad perversamente católica. ¿Por qué no poner una persona religiosa convencida? Además, ¿una persona no religiosa no puede ser a la vez atea, esté más o menos convencida?

No sabemos por qué en algunas encuestas se empezó a utilizar en los cuestionarios la puntuación de 0 a 10 en la adscripción religiosa. En la Encuesta Social Europea (ESS), a partir de 2002 se pregunta: “Con independencia de si se considera Ud. de alguna religión ¿en qué medida se considera una persona religiosa? Por favor, utilice esta tarjeta: 0 Nada religioso, 10 Muy religioso”.

Otra de las preguntas corrientes es: “¿Eres no creyente?”, como sinónimo aquí de no católico. ¿Los no católicos somos no creyentes? ¿No creemos en nada?

En relación con el Idescat la cuestión resulta aún más compleja, la pregunta referida al autoposicionamiento religioso va oscilando: en octubre de 2004 se considera la respuesta “católico”, en junio de 2005 “creyente”, en noviembre de 2005 “católico”, en febrero de 2006 “creyente”, en marzo de 2006 se hace la distinción entre “católico practicante, católico no practicante”.

Todo resulta bastante confuso. Además, últimamente, en 2005, la categoría “católico no practicante” ha sido eliminada del cuestionario de los Informes de la Juventud de la FSM. Si bien las otras categorías se mantienen, es importante la anotación de los autores de Jóvenes españoles 2005:[3] “en el año 2005 la categoría católico no practicante ha sido eliminada del cuestionario, lo que ha tenido dos consecuencias: el ensanchamiento de la categoría católico no muy practicante y el engrosamiento de las tres categorías posteriores (indiferente, ateo, agnóstico)”. No nos engañemos, han acabado con una de las series estadísticas más interesantes, con la pretensión de que al estar englobados en un solo epígrafe los católicos sumasen más. Sucede como con los dos cambios en la Encuesta de Población Activa: cuando aparecen muchos parados, cambian las normas y ya tenemos menos. Que la realidad cambie o no, no parece importar demasiado a algunos sociólogos.

Una de las dificultades con que tropezamos es que los sociólogos plantean las franjas de edad de formas diferentes; hemos intentado –en todo momento– ser explícitos con esta información pues pensamos que puede tener efectos sobre los resultados. De todas formas no creemos que esta sea una dificultad insalvable y demasiado importante, sobre todo si utilizamos tantas fuentes diferentes con la intención, no de quedarnos con un solo dato, sino de ver las dinámicas de fondo.

También queremos dejar patente que en muchos casos hemos agrupado a los no creyentes, a los laicos, a los agnósticos y a los ateos. Son muchas las diferencias entre una encuesta y las demás. Lo hemos hecho para poder ver hasta qué punto el catolicismo sigue siendo una opción mayoritaria en la sociedad. Queremos dejar constancia de que el modo de encarar las preguntas por cada persona que no tiene respuesta desde la razón no solo puede ser de carácter religioso sino que, además, en el fondo cada una vive su espiritualidad de forma personal e intransferible aunque sean seguidoras del libro sagrado.

Respecto a los datos de la iglesia en relación con la declaración de la renta y datos económicos, en general la opacidad informativa es increíble. Hemos consignado los mejores datos de que disponemos aun sabiendo que en muchos casos sería precisa una mejor información estadística. Sin embargo, hay que señalar que lo hemos intentado insistentemente; la respuesta que hemos recibido es la siguiente: “La información obtenida por la Agencia Tributaria en el desempeño de sus funciones está destinada a ser utilizada para la efectiva aplicación de los tributos y recursos cuya gestión tiene encomendada. El posible destino estadístico de esta información está condicionado por un lado por el deber de confidencialidad de los datos, que impone el ordenamiento jurídico, y por otro, por la capacidad de nuestros medios humanos e informáticos para procesar la información y adaptarla a las necesidades particulares que las distintas Administraciones públicas o particulares puedan tener. Esta limitación de medios hace que resulte necesario anteponer la dedicación de los mismos a la consecución del fin último que tiene encomendado la Agencia Tributaria, en detrimento del interés estadístico individual”.

Hemos utilizado datos de muy diferente tipo que pueden ayudarnos a tener una visión global de la cuestión. Siempre que ha sido posible hemos agrupado conceptos y en todos los casos lo citamos en el lugar correspondiente. El concepto “otras religiones” solo lo incluimos cuando resulta significativo. Por la misma razón también, casi en ningún caso –excepto los muy significativos– hemos incluido los “no sabe, no contesta”. De ahí que en algunos casos los porcentajes de los gráficos no sumen 100. Consideramos que así se aligera la lectura de un estudio –por sí mismo– arduo de leer. Para quien desee profundizar más, los datos están publicados y son conocidos. Así pues, hemos seguido al maestro Vicenç Navarro en otras cuestiones relacionadas con el estado de bienestar: que hablen los datos, después ya opinaremos. Se verá cómo en muchos casos citamos datos de la Fundación Santa María, una organización marianista; ello nos permitirá, a pesar de los numerosos problemas metodológicos, tener un buen punto de referencia de los sectores más ilustrados del catolicismo español.

Para no alargarnos más proponemos debatir otro concepto que pretende explicar la evolución de la sociedad de los últimos años: “la secularización”. La iglesia y la religión católica pierden influencia en la sociedad; según muchos autores se debe a la secularización de la sociedad. La secularización es el resultado que provocan unas causas concretas, no la causa. Además, se expresa como si España hubiera sido siempre católica. A nuestro parecer, lo que ocurre es que una sociedad democrática en la que los ciudadanos pueden elegir en libertad, escogen opciones muy alejadas de las propuestas por la iglesia católica. Muchos autores lo ven como un peligro porque las nuevas generaciones pueden verse abocadas al nihilismo. Son sectores sociales católicos y clericales que creen que fuera de la iglesia católica no existe la moral. Nosotros pensamos que, liberadas de prejuicios y supersticiones, las personas pueden ser libres para encaminar su vida, desde la pluralidad, por el difícil camino hacia la autodeterminación individual, requisito imprescindible hacia la autoconciencia.

 



[1]                                                           Jóvenes 2000 y religión, Fundación Santa María 2004, p. 141 (datos de 2002).

[2]                                                           CIS, Datos de opinión: Religión y sociedad. Boletín 29 (mayo-agosto 2002).

[3]                                                           González-Blasco, P. y González-Anleo, J. Jóvenes españoles 2005. Fundación Santa María 2006, p. 250.



[4]                                                           dfgdfgdfdgffgd Fundación Santa María 2006, p. 250.