Observatorio Epicuro - Conclusiones

 Lo más importante del cristianismo, desde un punto de vista social e històrico,
no es cristo sino la iglesia...

Bertrand Russell



Los datos reflejan una realidad que, por mucho que no quiera recordarse, es contundente. La cruzada tuvo éxito y todavía hoy sus rastros son muy visibles en las respuestas que nos dan quienes se educaron y socializaron en el régimen franquista; querer pensar, como a menudo se hace, en que la dictadura no ha dejado huella en nuestra forma de pensar sería ridículo. Tal vez los creadores de opinión que viven en sus propias carnes esta contradicción no tienen la valentía necesaria para explicarlo, quizás no pueden. Seguramente es un mecanismo de defensa el querer pensar en un pasado que no ha existido, así se vende a las nuevas generaciones un pasado, por ejemplo, el mayo de 1968, cuando entre los jóvenes de aquel momento había una gran libertad de conciencia y sexual; la realidad sociológica que se dibuja es que puede que existiera un mayo del 68 en España, pero eran tan pocos que estadísticamente no existen. Lo que sí existía era una sociedad en la que los jóvenes se casaban por la iglesia e iban a misa cada domingo, bautizaban a sus hijos y muchos iban a confesar de vez en cuando. Tal vez no había más remedio si se quería sobrevivir, pero la realidad es la que es. Por el contrario, sorprende la rapidez con que las nuevas generaciones, sobre todo los nacidos después de 1975, son capaces de volver a pensar lo que pensaban las generaciones anteriores a la Guerra Civil y la cruzada. Parece que las heridas en la libertad de conciencia se van cerrando y las primeras generaciones sin miedo se alejan precisamente de la mirada ultrarreaccionaria de una iglesia española cada vez más anclada en el pasado y con una única solución: la imposición.

Los jóvenes son tachados de conservadores precisamente por la generación de sus padres y paradójicamente son ellos quienes se atreven a pensar por sí solos, los que buscan la libertad de conciencia y la libertad espiritual. En unos treinta años se ha deshecho una parte muy importante del camino recorrido en los cuarenta anteriores, estamos justo en la línea de inflexión. Muchas de las cosas que pasan ahora (recuperación de la memoria republicana, archivo de Salamanca, relevo generacional en la política, celebraciones de la II República, etc.) no son otra cosa que caminar por la línea del fin del miedo y, por lo tanto, revisar críticamente la transición y rehacer una prioridad política, un calendario político que sitúe a los jóvenes en lo que siempre queda por hacer. Los jóvenes vuelven a reivindicar “la libertad del hombre ante su propio destino”.[1] Ni más ni menos. El batacazo fue considerable, pero nos estamos recuperando con mucha mayor rapidez de lo que parecía. En realidad, como decía José Canalejas, “no hay un problema religioso, hay un problema clerical”.[2] Manuel Azaña definía en 1931 el problema: “España ha dejado de ser católica; el problema político consiguiente es organizar el Estado en forma tal que quede adecuado a esta fase nueva e histórica del pueblo español. Yo no puedo admitir, Sres. Diputados, que a esto se le llame problema religioso”.[3] La lectura de este fragmento de discurso casi ochenta años después nos permite darnos cuenta de lo mucho que hemos avanzado en algunas cosas y lo poquísimo que se ha avanzado en otras. Y tener cierta nostalgia al pensar de qué podríamos estar discutiendo y escribiendo hoy si la República hubiera vencido al fascismo. Es preciso volver a decir sin miedo que “la mejor cultura se ha creado al margen de la religión o directamente en contra de ella”.[4]

 Nos hemos preguntado si España ha dejado de ser católica; la respuesta es clara: sí. Y a un ritmo impresionante. Tal vez se trate del cambio de mentalidad y de valores más positivo que se ha producido en los años de libertad de que estamos disfrutando.

Y para terminar volvemos a los orígenes. Epicuro, doscientos años antes de Cristo –es decir, antes de la existencia de la iglesia católica–, escribía: “En cuanto a los cuerpos celestes, sus movimientos, revoluciones, eclipses, salidas, puestas y otros fenómenos semejantes, no hemos de creer que se hayan originado por la mano de algún ser que se ocupe de ello...”[5]




[1]                                                           Epicuro. Lletres. Fundación Bernat Metge, Barcelona, 1975, p. 59.

[2]                                                           Fernández, Daniel. “Actualidad de José Canalejas”. El País, 21 de enero de 2008.

[3]                                                           Discurso de Manuel Azaña. Diario de Sesiones de las Cortes, 13 de octubre de 1931.

[4]                                                           Tree, Matthew. La vida després de Déu. Ara llibres, Badalona 2007, p. 160.

[5]                                                           Epicuro. Lletres. Fundación Bernat Metge, Barcelona, 1975, p. 99.